sábado, 20 de abril de 2002

Diario Sur de Málaga: 24 horas al lado de Nuria

Diario Sur de Málaga
A su lado
Cuando Nuria Fergó aspiraba a ser artista no sabía que se convertiría en toda una estrella. Desde su paso por ‘Operación Triunfo’, la malagueña no para. Así son 24 horas con ‘la Fergó’
ANA PÉREZ-BRYAN MÁLAGA

«Mírala qué malilla cara me trae». Ana no puede reprimir esta frase cuando contempla a su hija en el umbral de la puerta. El reloj marca la medianoche y Nuria acaba de llegar a casa. Hoy podrá dormir en su cama, todo un lujo si se tiene en cuenta que en la agenda de ‘la Fergó’ figura desde hace semanas el listín de los hoteles de media España. Los de la otra media los recorrerá en breve, porque la promoción de su primer disco, ‘Brisa de esperanza’, impone un ritmo frenético.

Nuria está exhausta, pero feliz. «Feliz y flipada», añade mientras corre a abrazar a su madre y a contarle los detalles de las últimas horas. Tienen toda la noche para ponerse al día. «Cuéntame, ¿cómo ha ido todo?», pregunta Ana.

PRIMERA ESCALA: AEROPUERTO

De 07,00 a 11,30 horas

La jornada ha comenzado muy temprano. El despertador no perdona y a las siete de la mañana Nuria ya está en pie. Los madrugones también forman parte de su nueva rutina, aunque en esta ocasión el esfuerzo «ha merecido la pena». No hay más que ver la cara con la que Nuria aparece en la terminal de llegadas del aeropuerto. «Por fin en mi tierra», comenta eufórica tras recordar la última vez que su agenda le permitió una escapada a Málaga. «En Semana Santa estuve en mi casa un par de días. Y fue de locos, porque apenas me dejaron salir a la calle». Otra de las consecuencias de la fama. Ahora todos reconocen a Nuria. «Mira, mira, la de ‘Operación Triunfo’». El comentario corre de boca en boca entre los trabajadores del 'parking' de coches de alquiler, que improvisan rápidamente unos papelitos para que La Fergó estampe los autógrafos de rigor. Los primeros del día.

Nuria viene con gafas oscuras. Y a la vista de la reacción que provoca su breve paso por el aeropuerto tampoco hace falta explicar por qué. Su atuendo se completa con vaqueros, camisa a rayas y botas de tacón.

El avión, procedente de Madrid, ha llegado con unos minutos de retraso, por eso Jorge, el responsable de comunicación, anuncia que el día va a estar «apretadillo». «Venga, a la furgoneta que nos vamos», sentencia al mirar el reloj.

COMIENZAN LAS ENTREVISTAS

De 12,00 a 13,00 horas

Los momentos de tranquilidad en estos casos suelen brillar por su ausencia, así que Elena, la ‘road manager’, aprovecha el viaje hasta la Cadena Ser para repasar el programa. «¿A qué hora tenemos que estar en la radio?», pregunta Nuria. «Hace media hora». La respuesta provoca una risa general y confirma el pronóstico de Jorge, que sugiere que la salida del coche sea «ordenada y muy rápida» para evitar la aglomeración de curiosos. Dicho y hecho.

Nuria llega a su primera cita repartiendo besos y recibiendo halagos. «Oye, pues al natural es más guapa todavía», dictamina una periodista mientras se apunta en la lista de petición de autógrafos. «Uno para la secretaria, otro para la cadena, otro para mí…», recapitula otra. La entrevista para Cadena Dial comienza de inmediato y la salida es igual de acelerada. La disciplina del horario prima por encima de cualquier otra cosa porque los compromisos son muchos.

Su carrera no ha hecho más que empezar, pero Nuria maneja las entrevistas como si llevara toda la vida dedicada a ello. La Fergó confiesa entre risas cuál es el secreto de tanta fluidez en las respuestas: «Es que las preguntas son casi siempre las mismas…». Sólo hay una cuestión que se le resiste, y no precisamente por la falta de insistencia de sus múltiples interlocutores. «Todos me preguntan si he tenido algo con Manu Tenorio», comenta con una amplia sonrisa de vuelta a la furgoneta. Nuria no habla de su vida privada. Pero tampoco puede evitar que esa sea «la pregunta del millón».

LA HORA DE LA TELE

De 13,30 a 17,30 horas

Segunda escala: Canal Sur. El cumplimiento de la agenda en la cadena autonómica es todo un reto. Durante las próximas horas Nuria tiene que atender tanto a la televisión como a la radio. El turno es riguroso. Primero a las ondas y luego a la pequeña pantalla.

La azafata que controla sus pasos plantea otra cuestión fundamental: el vestuario. «Aquí llevo el conjunto para el programa de Agustín Bravo», resuelve Nuria mientras señala un gran bolso con todo lo necesario. «Normalmente me viste Alma Aguilar, pero en esta ocasión la ropa es mía». A saber: un conjunto vaquero con falda y camisa a juego. Y de nuevo botas de tacón. La Fergó sabe perfectamente cuál es el tipo de ropa que más le favorece, por eso trata de mantenerse fiel a su estilo.

Las primeras grabaciones para la televisión tienen lugar en el jardín. Y Nuria las agradece, porque el día es fantástico. «¡Qué solecito más bueno! Cuando todo esto se tranquilice me voy a perder en una cala de Maro y ya verás…», fantasea mientras un técnico ultima las pruebas de micrófono.

UN INTERMEDIO PARA COMER

De 15,00 a 16,00 horas

El plan se desarrolla según lo previsto, pero los estómagos comienzan a protestar. El tentempié del avión es a todas luces insuficiente, y más con semejante desgaste de energía. «Está bien. Diez minutos para comer», concede Jorge. La opción más sencilla es el bar de Canal Sur, en el que también se ofrecen menús. Nuria se decide por un caldo y un plato combinado de verduras, la mejor solución para mantener la línea. El tema de conversación, dadas las circunstancias, es obligado e incluye los detalles de la severa dieta que ha seguido Rosa en la academia.

SOBREMESA CON BRAVO

De 16,00 a 18,00 horas

La sesión de estética continúa en la sala de maquillaje. Apenas quedan quince minutos para entrar en directo en el programa de Agustín Bravo y los nervios comienzan a tensarse. Manolo, el peluquero, y Pilar, la maquilladora, resuelven su trabajo rápidamente. Pelo liso y maquillaje discreto a petición de Nuria, que asimila a marchas forzadas las instrucciones del regidor. «Mira, tú entras y saludas, después hacemos el concurso de ‘Bravo por la amistad’ con la entrevista y luego cantas». «¡Nos vamos al plató!», apremia la azafata.

Allí la espera el público ansioso. Las peticiones de autógrafos se cuentan de nuevo por decenas e incluyen también las del propio presentador, algunas azafatas y los miembros de la orquesta. Nuria no defrauda y accede a todas las peticiones. Así también empieza a ‘calentar’ la muñeca, porque su próximo compromiso está en Marbella, donde tiene previsto firmar discos a las miles de personas que desde primeras horas de la tarde aguardan con impaciencia la llegada de su ídolo. La experiencia promete. Jorge recibe una llamada a su móvil que anuncia que el ambiente es «espectacular».

LAS MULTITUDES, EN MARBELLA

De 18,00 a 21,00 horas

La plaza Saba, en pleno centro de Puerto Banús, es la más viva estampa del delirio. El público recibe enfervorizado a Nuria, que no disimula su sorpresa ante semejante revuelo. Aún no lo tiene asimilado, porque todo ha ido «muy deprisa». «De verdad que cuando veo esto no me puedo creer lo que está pasando. ¡Toda esa gente está aquí por mí! ¡Qué fuerte!», repite una y otra vez mientras la furgoneta alcanza, a duras penas, la zona de entrada a la firma de discos.

Arriba, en el escenario, la intensidad de las emociones aumenta hasta el punto de que los organizadores deciden ampliar cerca de una hora el tiempo de firma de discos. La mesa se queda pequeña para la cantidad de regalos que le ofrecen sus fans. Los mensajes de las tarjetas que los acompañan es común: «Para Nuria, con cariño». Ella la devuelve la dedicatoria estampada en el disco.

Al filo de las siete, Nuria recibe la noticia que lleva esperando toda la tarde. Su padre, José, y su hermana Beatriz han llegado a Marbella para compartir con ella ese momento, pero lo hacen más tarde de lo programado porque también ellos han sido víctimas del caos del tráfico en la zona. Su madre se ha tenido que quedar en la tienda. Pero la espera en Nerja.

La sesión sabe a poco entre los fans, pero el reloj marca las nueve y Nuria lleva más de dos horas firmando. Alguien le pregunta por su muñeca. «No la siento, pero da igual», susurra cansada . El regreso a casa lo hace en silencio. Sólo pide una cosa: «Por favor, Jorge, para en una gasolinera para que vaya al baño». Los artistas también son humanos.